El césped de estación fría prospera en noches frescas y veranos secos. Si bien puede volverse susceptible a enfermedades o entrar en letargo durante las olas de calor, suele regenerar nuevos brotes en otoño. Este césped se puede cultivar fácilmente en macetas o como cobertura del suelo, aunque crece lentamente y desarrolla un bulbo de almacenamiento en la base del tallo. Florece a pleno sol o semisombra y prefiere suelos húmedos y bien drenados, aunque se adapta a condiciones más pobres y secas. La planta forma un montículo que se extiende lentamente con una textura de fina a media; a pesar de su aspecto puntiagudo, es suave al tacto. Es resistente a la sequía y no debe ser transitada. Es necesario podarlo regularmente, idealmente a finales de primavera o principios de verano, para mantener su salud y buen aspecto.