La fucsia es un híbrido resultante del cruce entre Fuchsia magellanica, Fuchsia coccinea, Fuchsia fulgens y Fuchsia arborescens. Estas plantas prosperan en climas frescos de verano y prefieren suelos ligeramente ácidos, ricos en materia orgánica, que retengan la humedad eficazmente. No toleran la sequía. Como anuales, pueden florecer en zonas sombreadas, aportando un color vibrante a rincones oscuros del jardín o realzando los paisajes tropicales cuando se plantan en masa a lo largo de los bordes. Las fucsias están disponibles en diversas formas, incluyendo variedades postradas, erguidas y colgantes. Las variedades erguidas se usan comúnmente en macetas, mientras que las colgantes son ideales para cestas colgantes. Las plantas en macetas o cestas requieren riego regular y deben protegerse del viento. El período de floración se extiende desde la primavera hasta el otoño, aunque la floración puede disminuir considerablemente durante el calor intenso del verano. Estas plantas no sobreviven a las duras condiciones invernales, por lo que se recomienda tomar esquejes o podar plantas enteras en otoño para que pasen el invierno en interiores. Al ser híbridas, las semillas que produzcan no necesariamente heredarán las mismas características que las plantas progenitoras. Las fucsias también pueden cultivarse como plantas de interior, pero requieren mucha luz, temperaturas frescas y alta humedad, lo que puede requerir riego regular. En cuanto a plagas y enfermedades, las fucsias generalmente requieren poco mantenimiento, aunque ocasionalmente pueden verse afectadas por ácaros, mosca blanca y pulgones.