Esta planta prospera en suelos ricos en materia orgánica, con humedad constante y buen drenaje, y prefiere pleno sol a semisombra. En regiones con veranos más cálidos, se beneficia de algo de sombra por la tarde. Aunque es una planta perenne de corta vida, a menudo se cultiva como anual. Alternativamente, puede cultivarse como bienal sembrando semillas a mediados de verano para que florezca al año siguiente. Quienes deseen cultivarla como anual pueden sembrar las semillas en interiores unas 8 a 10 semanas antes de la última helada de primavera para obtener flores en la misma temporada de crecimiento. Sea cual sea el método elegido, la planta puede permanecer en el jardín durante varios años debido a su tendencia a autosiembrarse libremente y, a veces, de forma agresiva. Para controlar su propagación, es recomendable podar las flores marchitas con prontitud para limitar la siembra excesiva. Es importante tener en cuenta que esta planta está clasificada como maleza nociva en ciertos estados del Medio Oeste.