La retama española es un arbusto perenne, caducifolio y floreciente, que se caracteriza por su estructura multitallo y follaje ralo, alcanzando alturas y anchuras de hasta 3 metros. Apreciada por sus flores ornamentales, esta planta es resistente al invierno y prospera en suelos promedio, bien drenados, con humedad de seca a media, que requieren pleno sol para un crecimiento óptimo. No tolera la sombra. Además, presenta una excelente resistencia a la sequía y puede soportar condiciones costeras, lo que la hace adecuada para suelos pobres y rocosos, donde se utiliza a menudo para estabilizar las riberas de los ríos. La retama española se encuentra típicamente en regiones áridas, bosques abiertos, zonas alteradas y a lo largo de los bordes de las carreteras en la región mediterránea. Se cultiva principalmente por sus llamativas flores amarillas y tallos verdes cilíndricos, que florecen en llamativos racimos. A medida que las hojas caen a finales de la primavera, el crecimiento estival se adorna con abundantes y fragantes flores amarillas que se asemejan a los guisantes. A finales del verano, las vainas maduran y liberan semillas de forma explosiva, a menudo acompañadas de una grieta notable, dispersándolas de la planta madre. En cuanto a plagas y enfermedades, la retama española está prácticamente libre de problemas conocidos. Sin embargo, se considera agresiva debido a su propensión a la autosiembra, lo que ha provocado su desaparición de los jardines cultivados y su posterior naturalización en diversos entornos.