Se cree que los olmos aparecieron por primera vez en Asia hace unos 20 millones de años y que con el tiempo se extendieron por gran parte del hemisferio norte, incluyendo Norteamérica y Eurasia. Lamentablemente, la peste del olmo holandés ha causado daños significativos a estos majestuosos árboles tanto en Norteamérica como en Europa. En respuesta, se están desarrollando nuevos cultivares resistentes a esta enfermedad. Estos árboles pueden alcanzar grandes dimensiones, típicamente con forma de jarrón y copa redondeada. Generalmente prosperan en suelos húmedos y bien drenados.