La planta de plomo nativa se encuentra comúnmente prosperando en entornos abiertos y bien drenados, como llanuras arenosas, valles, laderas, riberas de arroyos, bosques, claros y praderas. Florece mejor en zonas soleadas con suelo arenoso o rocoso y bien drenado. Cuando se planta en lugares sombreados, tiende a extenderse por el suelo en busca de la luz solar. La planta presenta pequeñas flores moradas que se agrupan en llamativas espigas terminales, mientras que sus hojas están adornadas con pelos cortos y densos, lo que les da un tono grisáceo que se asemeja a una capa de plomo, de ahí su nombre común. Las raíces de la planta de plomo pueden extenderse hasta 1,2 metros de profundidad, y en algunos casos incluso más. Este extenso sistema radicular mejora la resistencia de la planta durante los incendios forestales. En cuanto a plagas y enfermedades, la planta de plomo es relativamente resistente y enfrenta pocas amenazas graves. Sin embargo, puede ser vulnerable a problemas como manchas en las hojas, roya, cancro y mildiú polvoroso. Además, requiere protección contra ciervos, conejos y otros herbívoros.