Anaphalis margaritacea, comúnmente conocida como siempreviva perlada, es una herbácea perenne o bienal que se caracteriza por sus resistentes flores de color blanco amarillento que se asemejan a pequeños ásteres. Dependiendo de las condiciones, esta planta puede sobrevivir al invierno como una roseta baja de hojas o completar su ciclo de vida en una sola temporada de crecimiento. Crece en toda Norteamérica, a menudo en prados húmedos, riberas y zonas arenosas o alteradas. Los tallos secos, adornados con sus inmaculadas flores blancas, son un atractivo complemento para arreglos florales secos. La siempreviva perlada prospera en suelos ligeros, bien drenados y húmedos, a pleno sol. Sin embargo, se adapta a diversos tipos de suelo, incluyendo suelos secos o pobres, y tolera la sombra parcial. Se desarrolla bien a la sombra de edificios, pero presenta dificultades en la sombra de los árboles. Esta especie es más resistente a la sequía que muchas otras variedades de Anaphalis. Resiste las heladas y suele florecer a finales del verano, madurando sus semillas en otoño. La planta es dioica, lo que significa que las flores son masculinas o femeninas, y ambos sexos deben estar presentes para la producción de semillas. Sin embargo, es fácil de propagar por división. El tallo presenta un tono gris suave debido a su superficie pilosa, lo que lo convierte en una excelente opción para crear contraste con flores de colores más intensos. Su altura compacta también la hace adecuada para su uso como planta de borde. En cuanto a la salud de la planta, no se conocen enfermedades significativas ni infestaciones de insectos. Puede sufrir algunos daños por orugas y puede propagarse vigorosamente en condiciones óptimas de crecimiento.