Los membrillos en flor son arbustos caducifolios de la familia de las rosáceas, originarios de Asia. Estas plantas se encuentran entre las primeras en florecer, mostrando sus vibrantes flores desde finales de invierno hasta principios de primavera. Sus llamativas flores, en tonos rosa, rojo y blanco, suelen brotar antes que las hojas. Dado que florecen en madera vieja, es recomendable podarlos mínimamente. Dependiendo de la variedad, estos arbustos pueden alcanzar alturas de 60 a 1,80 metros y pueden presentar espinas. Los membrillos prosperan mejor a pleno sol o semisombra, prefiriendo suelos francos húmedos y bien drenados, aunque se adaptan a diversos tipos de suelo. Su floración óptima se produce a pleno sol y, una vez establecidos, son resistentes a la sequía. Estos versátiles arbustos pueden utilizarse como ejemplares independientes, en setos, como plantas de cimentación o para crear borduras. Sin embargo, cabe destacar que, ocasionalmente, los ciervos pueden alimentarse de ellos.