El espino de Lavalle es un pequeño árbol perteneciente a la familia de las rosáceas, resultado de la hibridación de dos especies de espino blanco descubiertas en el Arboreto de Segrez, Francia. Este árbol suele alcanzar alturas de entre 4,5 y 9 metros y presenta una forma densa, redondeada o irregular. También puede desarrollarse como un arbusto de varios tallos. En primavera, produce racimos de flores blancas que desprenden una fragancia desagradable, a las que siguen bayas de color rojo anaranjado en otoño que pueden perdurar hasta el invierno. El follaje presenta atractivos tonos rojo bronce en otoño, mientras que las ramas están repletas de espinas que pueden alcanzar hasta 5 cm de largo. Para un crecimiento óptimo, plante este árbol en un suelo promedio con buen drenaje, idealmente a pleno sol o sombra parcial. Se adapta a diversos tipos de suelo, aunque no prospera en condiciones excesivamente húmedas, y una vez establecido, demuestra resistencia a la sequía. El espino de Lavalle puede servir como un pequeño árbol de sombra con flores o utilizarse como seto o barrera. Sin embargo, sus espinas lo hacen inadecuado para caminos o zonas frecuentadas por niños. Al igual que muchos espinos, el espino de Lavalle puede ser susceptible a plagas y enfermedades, aunque destaca por su fuerte resistencia a la roya y al fuego bacteriano. Otros posibles problemas incluyen manchas foliares por hongos, mildiú polvoroso, cancros, sarna del manzano, tizón foliar y tizón de las ramas. En cuanto a las amenazas de insectos, puede atraer pulgones, barrenadores, orugas, cochinillas de encaje, minadores de hojas, arañas rojas y cochinillas.