Esta delicada hierba perenne presenta hojas simples y alargadas cubiertas de pelos glandulares. Sus flores, que florecen en un tallo desnudo, tienen forma de embudo con cinco pétalos, de un tono lila pálido o morado acentuado por un centro amarillo. Estas flores suelen aparecer en interiores durante la época de letargo de otras plantas, desde el invierno hasta principios de la primavera. Para un crecimiento óptimo, la planta prospera en ambientes frescos con luz solar indirecta. Una vez marchitas las flores, es aconsejable mantener la planta en un lugar fresco para promover la floración. Como alternativa, se puede podar y trasladar a un lugar exterior sombreado, aunque esto puede poner en peligro su supervivencia y su capacidad de volver a florecer. Se recomienda una mezcla de turba para macetas para obtener mejores resultados. Las hojas de esta planta están cubiertas de finos pelos que liberan una sustancia tóxica que puede causar irritación inmediata y ampollas al contacto. Para evitar la exposición directa, se recomienda usar guantes al manipular la planta. En regiones sin heladas, se puede cultivar al aire libre, pero debe protegerse de la luz solar directa. En zonas propensas a heladas invernales, puede tratarse como anual. Esta planta es susceptible a la botrytis, una enfermedad fúngica, por lo que es fundamental asegurar una buena circulación del aire a su alrededor para su prevención. Además, problemas como la pudrición de la raíz, el marchitamiento fúngico y la pudrición de la corona pueden provocar el marchitamiento y la muerte de la planta, lo que obliga a desechar los ejemplares afectados. La planta produce frutos en forma de cápsulas. Además de sus efectos en los humanos, esta planta también es tóxica para gatos, perros y caballos si se ingiere, lo que puede provocar vómitos.