La perla pertenece a la familia Caryophyllaceae y se caracteriza por ser una planta anual de bajo crecimiento, similar al musgo, que prospera en estaciones más frías. Sin embargo, en ciertas condiciones, puede comportarse como una perenne de corta vida. Existen dos especies prácticamente idénticas, la Sagina procumbens, ambas con hojas delgadas y en forma de punzón, de entre 1,25 y 2,5 cm de largo, capaces de formar densas matas. Las flores de esta planta son blancas. En el mercado de la jardinería, se encuentran diversas selecciones y especies relacionadas, que se utilizan a menudo en jardines de rocas o como cobertura del suelo entre adoquines. La perla prospera en ambientes frescos y húmedos, y se encuentra comúnmente cerca de caminos. Esta planta es conocida por su prolífica producción de semillas, las cuales se encuentran en vainas con forma de copa que se dispersan con el agua salpicada. La perla puede volverse bastante invasiva, por lo que, si no se desea, es crucial evitar que se siembre. Las estrategias de manejo eficaces incluyen mejorar el drenaje en las zonas donde suele proliferar. Además, los herbicidas de preemergencia, específicamente etiquetados para este fin, pueden ayudar a controlar su propagación.