La planta carnívora prospera en las regiones bajas y húmedas de los pinares, a menudo en zonas anegadas o en suelos húmedos, pantanosos y ricos en musgo esfagno. Este entorno suele presentar alta acidez y bajos niveles de nutrientes, especialmente nitrógeno. Estas plantas suelen prosperar en lugares donde los incendios forestales han arrasado la vegetación circundante, lo que les permite disfrutar de la luz solar directa. Para satisfacer sus necesidades nutricionales, las plantas carnívoras capturan y digieren insectos, arañas y, ocasionalmente, ranas pequeñas. Las hojas de la planta carnívora son tubos alargados con una estructura similar a un ala en el lado que mira hacia adentro. Los ejemplares maduros presentan hojas rematadas con una capucha en forma de globo de color púrpura rojizo que termina en una abertura similar a un pico, que recuerda a la cabeza de un loro, de ahí su nombre común. Los cántaros tubulares se disponen horizontalmente y forman un patrón de roseta. Las capuchas de las hojas maduras funcionan como una "trampa para langostas", atrayendo a los insectos con néctar. Una vez dentro, los insectos quedan atrapados en el jugo digestivo de la planta, incapaces de escapar gracias a los pelos orientados hacia abajo que permiten la entrada pero bloquean la salida. Además, la planta carnívora puede sobrevivir sumergida, lo que le permite consumir insectos acuáticos, renacuajos, peces e incluso ranas. En cuanto a sus cuidados, esta planta requiere un período invernal de latencia, lo que la hace inadecuada para el cultivo en interiores o en ambientes tropicales.