La tritonia es una pequeña planta bulbosa de la familia del iris, originaria de Sudáfrica. Cultivada frecuentemente como anual, prospera en su entorno natural, que consiste en llanuras y laderas arcillosas secas. Estas plantas presentan hojas alargadas y producen flores en vibrantes tonos amarillo, naranja, rosa o blanco, que desprenden una deliciosa fragancia, especialmente al atardecer. El género abarca varias especies; la mayoría florece de primavera a verano, mientras que otras florecen desde finales de verano hasta otoño. Sus flores son abundantes y visualmente impactantes. Para un cuidado óptimo, la tritonia debe plantarse en un suelo rico en humus, a pleno sol, a una profundidad de 5 cm y con una separación de 7,5 cm. Prospera en suelo húmedo durante su temporada de crecimiento, pero prefiere condiciones más secas durante el periodo de latencia. Para evitar la pudrición en suelos pesados y húmedos durante el invierno, es aconsejable arrancar los bulbos durante el invierno. Al sembrar semillas al aire libre en climas cálidos, el otoño es la época ideal para plantar. En regiones más templadas, es preferible el comienzo de la primavera. La germinación puede tardar de uno a tres meses, y la floración puede tardar hasta tres años. En zonas con inviernos fríos, se recomienda cultivar a partir de cormos. Estos se pueden cosechar una vez que el follaje amarillea, lo que indica que el bulbo ha completado su almacenamiento de energía para la siguiente temporada. La tritonia es adecuada para naturalizar, crear bordes o mejorar los jardines de corte. El método de propagación más eficaz es la división de hijuelos, que son abundantes. En cuanto a plagas y enfermedades, la tritonia no prospera en zonas sombreadas. Los pulgones pueden suponer una amenaza para el desarrollo de los botones florales, mientras que los caracoles y las babosas pueden ser problemáticos a medida que emergen los nuevos brotes.