principios de la década de 1960, la 'Jacqueline Hillier' florecía con fuerza en un jardín de Birmingham, Inglaterra. Esta variedad enana de crecimiento lento presenta una forma arbustiva y hojas pequeñas, lo que la convierte en una de las favoritas de los aficionados al bonsái. Sin podar, puede alcanzar alturas y anchuras de entre 1,8 y 2,4 metros. Su hermoso follaje se transforma en un naranja vibrante en otoño y es resistente a la enfermedad del olmo holandés. Para un crecimiento óptimo, plántela a pleno sol o sombra parcial en un suelo húmedo y bien drenado. Es ideal para jardines pequeños, rocallas, setos bajos y arreglos de bonsái.