La palma de abanico mexicana, una especie autóctona de México, se ha establecido con éxito en regiones como Florida, California, Hawái y Texas. Esta palmera presenta un tronco alto y columnar que puede alcanzar los 30 metros de altura, coronado por una copa redondeada de hojas en abanico que miden entre 90 y 150 cm de largo. En lugar de caerse, las hojas muertas se pliegan con gracia contra el tronco, creando una densa falda que debe podarse para mitigar el riesgo de incendio. A medida que la palmera madura, puede perder algunas hojas de forma natural. Para asegurar una fotosíntesis suficiente, es esencial conservar al menos el 50 % de las hojas. Cabe destacar que las hojas pueden dañarse cuando las temperaturas bajan a -6 °C. Cultivar la palma de abanico mexicana es sencillo, ya que prospera en suelos bien drenados y prefiere la luz solar directa o parcial. Esta palmera es resistente a la sequía, el viento y la sal, lo que la convierte en una opción popular para el paisajismo costero. Sin embargo, debido a su impresionante altura, es ideal para jardines extensos junto a edificios o casas altas, y también se utiliza comúnmente en estacionamientos y como árbol de calle. Entre los posibles problemas se incluye la deficiencia de potasio, que puede provocar necrosis en las puntas de los folíolos, decoloración y la muerte prematura de las hojas más viejas. Si bien las infestaciones de insectos son poco frecuentes, es recomendable vigilar la presencia de ácaros y cochinillas. Además, las enfermedades fúngicas pueden provocar la pudrición del tronco.