Amanita virosa, comúnmente conocida como el Ángel de la Muerte, es un hongo altamente tóxico originario de Europa, donde a menudo se le llama el Ángel Destructor. Esta especie prospera en bosques mixtos de robles y coníferas, así como en diversos entornos naturales y áreas ajardinadas, apareciendo típicamente sola o en pequeños grupos. Es importante destacar que, si bien A. virosa no se encuentra en Norteamérica, se pueden encontrar allí otros parientes tóxicos dentro del género Amanita, como A. bisporigera. El sombrero de A. virosa es predominantemente blanco y liso, con el centro potencialmente oscureciéndose a un tono canela opaco a medida que madura. Sus láminas también son blancas, están muy juntas y no están unidas al tallo. El tallo es blanco y tiene una textura algodonosa a ligeramente perlada, a menudo con una base bulbosa. En la parte superior del tallo, hay un anillo (anillo) prominente, grande y blanco que se ensancha hacia afuera y permanece intacto. Además, en la base del tallo se encuentra una estructura blanca en forma de copa, conocida como volva. La huella de esporas que produce este hongo es blanca.
En comparación con el A. bisporigera, el A. virosa es más grande, pero comparte el mismo nivel de toxicidad. Sus características distintivas incluyen su anillo y volva distintivos. Al consumirlo, el A. virosa puede crear un período de retraso engañoso tras la aparición de los síntomas iniciales, lo que puede llevar a la persona afectada a creer erróneamente que lo peor ya ha pasado.