Este gran árbol caducifolio suele alcanzar alturas de 15 a 24 metros y una anchura de 9 a 12 metros. Sus hojas son alternas, simples y en abanico. Las semillas, que solo producen los árboles hembra, se parecen a las ciruelas y son de color amarillo anaranjado. Al madurar, la pulpa exterior y carnosa emite un olor desagradable, mientras que la pared interior es dura, lisa y de color crema. La corteza es de color marrón grisáceo y presenta una textura estriada. Las semillas pueden ser bastante desordenadas, por lo que se recomienda plantar árboles macho, ya que las hojas amarillas tienden a caer rápidamente en otoño. Este árbol tolera la sequía, el calor, la contaminación atmosférica y los niveles moderados de salinidad, lo que lo hace fácil de trasplantar y longevo. También es resistente al daño causado por los ciervos, lo que lo convierte en una excelente opción para entornos urbanos y una opción popular para los entusiastas del bonsái.
Las condiciones de crecimiento preferidas incluyen pleno sol y una variedad de tipos de suelo, aunque no prospera en suelos húmedos.
Con su forma escultural y la calidad única de luz que proyecta sobre las calles de la ciudad, el ginkgo es una opción excepcional para el paisajismo urbano. Las calles de la ciudad de Nueva York lo presentan como un árbol callejero prominente, prosperando en las zonas de rusticidad 8 y 9 del USDA en el sureste.
El ginkgo biloba es un árbol de origen prehistórico, que desapareció del registro fósil de América del Norte hace aproximadamente 7 millones de años y desde entonces ha sido reintroducido desde varios países.