Este liquidámbar, que no es originario de Norteamérica, recibe su nombre común de la savia que rezuma de las heridas en su tronco. Se suele plantar para dar sombra, sobre todo en zonas sin aceras o en céspedes de más de dos metros de ancho. Además, se utiliza en el cultivo de bonsáis. Si bien el árbol en sí es visualmente llamativo, sus flores y frutos carecen de un atractivo similar. Se sabe que el fruto atrae a las aves, pero también puede generar problemas de basura. Al considerar la ubicación del liquidámbar de Formosa como árbol de calle, se recomienda precaución debido a sus grandes raíces invasivas, que pueden llegar a perturbar los bordillos y las aceras. Se recomienda plantar estos árboles al menos a 2,4 a 3 metros de distancia de dichas estructuras. Aunque el fruto puede ser una molestia durante los meses de otoño e invierno, esto suele ser solo un problema en superficies duras como carreteras, patios y aceras. El árbol tiene forma piramidal de joven, pero al madurar adquiere una forma redondeada e irregular, lo que requiere poda para establecer un tronco central fuerte y una forma estéticamente agradable. Su madera es apreciada para la fabricación de muebles y diversos acabados de interiores, incluyendo suelos. En cuanto a plagas y enfermedades, el liquidámbar puede ser vulnerable a los gusanos del saco, los gusanos tejedores de otoño, los minadores de hojas, las orugas de tienda y la cochinilla algodonosa, así como al cancro.