El perifollo, una hierba originaria de Oriente Medio, Rusia y el Cáucaso, se ha extendido a diversas regiones del mundo, incluyendo el norte de Norteamérica. Cultivada típicamente como anual, también puede prosperar como bienal en climas más templados. Sus hojas y flores aportan un delicado sabor que recuerda al perejil, con sutiles toques de regaliz, lo que las hace ideales para realzar platos como aves, mariscos y verduras. Comúnmente, el perifollo se incorpora a tortillas, ensaladas, mantequillas y sopas. Además, es una excelente planta acompañante de rábanos y lechugas. Para su propagación, siembre las semillas directamente en la tierra o en macetas a principios de la primavera, ya que requieren luz para germinar y no se trasplantan bien. Asegúrese de espaciar las plantas unos 38 cm. El perifollo prospera en suelos húmedos y bien drenados, y prefiere la luz solar parcial o total. Se puede cultivar en contenedores o como parte de un jardín comestible, y su follaje similar al de un helecho agrega una estética atractiva a cualquier entorno de jardín.