Las dimensiones, la densidad y la robustez del cuerpo fructífero de este hongo lo hacen fácilmente reconocible. Su gruesa corteza, que recubre la masa de esporas, suele permanecer intacta durante meses después de que estas se hayan dispersado. Cabe destacar que este hongo puede incluso dañar las superficies de asfalto de caminos de entrada y canchas de tenis a medida que maduran los cuerpos fructíferos. Estos cuerpos fructíferos son sustanciales y algo redondeados, midiendo entre 13 y 15 cm de diámetro. Presentan una coloración que va del canela al marrón claro y tienden a fragmentarse en grandes parches escamosos a medida que se expanden. A medida que crecen, pueden desarrollar lóbulos o radios irregulares con forma de estrella, que suelen presentar de cuatro a seis de estas proyecciones. El peridio, o capa externa, es notablemente grueso y de color canela, mientras que la gleba, o masa interna de esporas, presenta un tono marrón púrpura jaspeado incluso en sus etapas iniciales, que cambia a un aspecto marrón negruzco y polvoriento a medida que las esporas maduran. Esta especie es prevalente en Carolina del Norte, particularmente en la región de Piedmont, donde prospera en suelos arcillosos expuestos, especialmente a lo largo de los bordes de las carreteras. Se puede encontrar en zonas boscosas o paisajes naturales, a menudo solo o en grupos de tres o cuatro cuerpos fructíferos, algunos ocasionalmente fusionados en suelos arcillosos o arenosos expuestos, e incluso en céspedes. Es importante tener en cuenta que este hongo es altamente tóxico y puede ser mortal si se ingiere. Su tamaño, grosor y firmeza distintivos contribuyen aún más a su fácil identificación.